Ajedrez para torpes pdf

A algunos hombres los disfraces no los ajedrez para torpes pdf, sino los revelan. Cada uno se disfraza de aquello que es por dentro.

A la hora de la verdad, que es la de buscarse a sí mismo en lo objetivo, uno olvida todo y se dispone a no ser fiel más que a su propia sinceridad. A la manera que el río hace sus propias riberas, así toda idea legítima hace sus propios caminos y conductos. A la república más que orden jurídico ha de importarle la realidad social del orden. A la república solo ha de salvarla pensar en grande, sacudirse de lo pequeño y proyectar hacia lo porvenir. A los empresarios les gustan las asambleas porque ellos las inventaron.

A los que corren en un laberinto, su misma velocidad los confunde. A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd. A menudo los grandes son desconocidos o peor, mal conocidos. A mí juicio, el mejor gobierno es el que deja a la gente más tiempo en paz. A nadie cuesta más que a aquel que mucho desea. A pesar de las ilusiones racionalistas, e incluso marxistas, toda la historia del mundo es la historia de la libertad.

A través de las edades, el éxito ha sido de aquellos que perciben las necesidades públicas y saben satisfacerlas. A veces de noche, enciendo la luz para no ver mi propia oscuridad. A veces el llanto hace mas beneficio que la risa. A veces una broma, una anécdota, un momento insignificante, nos pintan mejor a un hombre ilustre, que las mayores proezas o las batallas más sangrientas. Abandonarse al dolor sin resistir, suicidarse para sustraerse de él, es abandonar el campo de batalla sin haber luchado. Acaso huyendo de la popa a la proa es como el piloto encontrará camino de salvación cuando fluctúe entre las ondas la combativa nave?

Acaso soy libre si mi hermano se encuentra todavía encadenado a la pobreza. Aceptar nuestra vulnerabilidad en lugar de tratar de ocultarla es la mejor manera de adaptarse a la realidad. Además de enseñar, enseña a dudar de lo que has enseñado. Además de perdonar a tus enemigos, ríete de ellos. La risa es el gran antídoto contra los venenos del espíritu. Afortunado es el hombre que tiene tiempo para esperar. Ah, si pudiese un día, un día, hablar en llamas, cuanto mejor dijese estas cosas del alma.